#ConDatos: La pandemia exigió que el periodismo aprendiera para enseñar, y así lo hizo

Imagen para nota desinformación del 25 de agosto..

Por: Cristina Tardáguila

Responsable de más de 4,4 millones de muertes, la pandemia del COVID-19 quedará en el recuerdo como un momento nefasto de la historia: años de mucha tristeza, pérdidas e incertidumbre. Pero, hace falta que los periodistas reconozcan la cantidad de información que han aprendido y que celebren el trabajo que han realizado hasta ahora. Si hoy en día el planeta entiende más sobre el nuevo coronavirus, es porque la prensa logró exitosamente su función: difundió información de calidad.

En diciembre de 2019, cuando se registró la primera muerte por COVID-19 en China, pocas personas sabían el significado correcto de expresiones como “paciente cero”, “periodo de incubación” y “tasa de transmisión” de un virus. No se entendía bien la importancia de “aplanar la curva” y de mantener el “aislamiento social”; “EPI” y “PCR” no eran siglas constantes en las conversaciones con familiares y amigos, y nadie era capaz de entender la diferencia entre el COVID-19 y la SAERS.

El mundo pandémico, que se impuso de forma abrupta y global a lo largo de 2020, supuso un desafío para los periodistas: tuvimos que aprender una infinidad de términos y procesos para enseñarlos a nuestras audiencias porque de esto podía llegar a depender la vida de mucha gente. Así que es justo que, pasados casi 2 años, podamos mirar hacía atrás y reconocer que  la prensa mundial sí ha logrado una serie de conquistas en la cobertura de la pandemia.

Los reporteros consiguieron, por ejemplo, establecer nuevas fuentes, ampliar sus contactos y pasar a manipular bases de datos amplias y difíciles. Hoy en día, son muchos los que conocen la Organización Mundial de la Salud y sus procesos, que tienen fuentes internas y que son capaces de contar importantes historias sobre esta entidad.

Muchos otros se embarcaron en el mundo farmacéutico. Establecieron relaciones con fabricantes de vacunas y hoy tienen una agenda de contactos amplia, llena de expertos en los más diversos campos de la medicina.

Entre los periodistas es cada vez más frecuente encontrar los que saben usar y hablar sobre bancos de datos como el Our World in Data, o las infografías de la Universidad John Hopkins. Otros tantos pasaron a extraer información relevante del Sistema de Notificación de Eventos Adversos de Vacunas de Estados Unidos (VAERS, por su sigla en inglés) y/o del Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades. Actualmente consumen tablas gigantescas que pueden, incluso, comprobar la eficacia de los programas de inmunización establecidos en países radicalmente distintos.

La llegada de las vacunas contra el COVID-19 también obligó a la prensa a entender y a explicar cómo funciona cada paso del proceso de prueba de una nueva vacuna y la autorización para su uso en humanos.  Esto es algo que ha variado de país en país, exigiendo que los reporteros entablaran conversaciones con autoridades sanitarias municipales, estatales y regionales, además de las nacionales. No ha sido poco.

Si hoy en día es posible escuchar a un ciudadano hablando de anticuerpos, de tasa de fatalidad y de tiempo de incubación, es porque se hizo mucho periodismo de calidad con temas de salud.

Si hoy es común ver familiares y amigos debatiendo pruebas de hisopado nasal y antígenos, es porque otra vez nosotros, la prensa, hemos sido capaces de conectar el mundo de la ciencia con la realidad de la calle. Reconozcamos esta victoria.

Paremos por al menos un minuto para darnos cuenta de cómo el periodismo en salud ha entrado en la rutina del ser humano y como esto es una gran oportunidad para que, nuevamente, la prensa ratifique su importancia en la sociedad.

¿Cuántos de los ciudadanos que hoy se informan sobre las vacunas de COVID-19 siguen tomando falsos medicamentos para adelgazar? ¿Y cuántos creen aún que un té de hierbas puede curar tumores?

La lucha contra la desinformación sanitaria no terminará con la pandemia. Hace falta batallar contra las noticias falsas sobre  cáncer, diabetes y sida; contra las falsedades sobre los tratamientos de belleza y las curas milagrosas. Seamos listos y aprovechemos el momento generado por la pandemia. Es evidente que el mundo espera de nosotros, los periodistas, una extensa cobertura sobre el cuerpo, los fármacos y la ciencia.

Sobre el Premio Roche

El Premio Roche es una iniciativa de Roche América Latina, con la Secretaría Técnica de la Fundación Gabo, que busca reconocer la excelencia y la cobertura periodística de calidad sobre la salud en la región.

Para más información o consultar inquietudes sobre la novena edición del Premio Roche, comunícate al correo electrónico: premioroche@fundaciongabo.org

Hecho con por

Pin It on Pinterest