Usemos la emoción al combatir el negacionismo irracional

Imagen para ilustrar columna de Cristina Tardáguila del 22 de abril 2021.

Libro reúne falsedades sanitarias antiguas y demuestra que estas no tienen relación con la falta de datos, sino con las emociones humanas.

Por: Cristina Tardáguila

“Todas las vacunas son peligrosas”. “Todos los alimentos genéticamente modificados hacen mal a la salud”. “Lo que provoca el sida no es el virus VIH, sino mala nutrición, falta de higiene y hemofilia”. “Los antibióticos son buenos para controlar las infecciones virales”. “La leche no pasteurizada es sana. De hecho, para garantizar la salud de nuestro organismo, deberíamos tomarla todos los días”.

Seis frases. Seis mentiras. Son prueba de que la desinformación sanitaria no nació en el 2020 ni se hizo mundial con el nuevo coronavirus. Y son la confirmación de que llevamos décadas escuchando, leyendo y tolerando falsedades que pueden poner en riesgo no solo la vida de una persona, sino también la estabilidad sanitaria de todo el planeta.

Por lo tanto, el desafío de hacer frente a las noticias falsas sobre salud es urgente. Unámonos para idear estrategias claras de enfrentamiento y empecemos por aquí: este nuevo espacio informativo en este sitio web.

Para empezar, les dejo una pregunta que me parece muy relevante: ¿Por qué personas con inteligencia y educación razonables –gente con la que estudiamos y trabajamos– pasan a creer y compartir falsedades como las expuestas en el primer párrafo de este artículo? ¿Estupidez? ¿Maldad? No. Ni lo uno, ni lo otro.

Cuando empezó la pandemia, me puse a leer sobre este tema y me pareció genial el libro ‘Denying to the Grave’ (‘Negando hasta la tumba’, en inglés) de los especialistas en salud pública y mental Sara E. Gorman y Jack M. Gorman. La obra, publicada en 2017 por la editorial de la Universidad de Oxford, deja claro que la desinformación sanitaria no tiene una relación directa con la falta de datos o de investigaciones científicas serias. El mundo nunca produjo tantos estudios importantes en este sector.

No es verdad tampoco que los negacionistas no tengan acceso a la información, a las conclusiones de pruebas y a las recomendaciones científicas. Lo que pasa es que, de modo irracional, siempre llevados por sus emociones, deseos y creencias, no las creen. 

“El problema no es la simple falta de información. Los humanos toman decisiones irracionales sobre la salud incluso cuando conocen y entienden los hechos científicos“, escriben los autores. “Esto quiere decir que apostarle a la educación como única forma de acabar con el negacionismo científico se revelará insuficiente”, agregan.

En otras palabras, no debemos apostar solo en la racionalidad, en las tablas, en los archivos .pdf y en las tesinas cuando entramos en campo para combatir la desinformación sanitaria. Es importante que en este juego participe la emoción como algo capaz de dialogar con lo irracional del negacionismo.

“Todos buscamos identificar patrones en nuestro alrededor. Cuando los encontramos y nos parece que tienen sentido, nos convencemos de que también los necesitamos“, enseñan los autores.

Así que, en la lucha contra la desinformación científica, puede que sea más provechoso relatar de forma constante y emocional (con foto, audios, videos) casos de personas que, por ejemplo, se hayan enfermado tomando leche no pasteurizada, que insistir en presentar una tabla detallada extraída de un estudio científico sobre el tema. Quizá sea más impactante contar la historia de personas que se arrepienten de no haberse vacunado, que sacar a la luz otra investigación que comprueba la eficacia de la vacunación.

Son ideas como esta las que debatiremos en esta nueva sección. Mientras tanto, usen mascarilla, mantengan la distancia social, laven sus manos y programen la cita para recibir la vacuna contra COVID-19 lo más pronto posible. De forma totalmente emocional (y aquí yo me río), se los pido de rodillas. De rodillas.

Sobre el Premio Roche

El Premio Roche de Periodismo en Salud es una iniciativa de Roche América Latina con la Secretaría Técnica de la Fundación Gabo que reconoce la excelencia y fomenta el trabajo periodístico de calidad en la cobertura de temas de salud en América Latina.

La edición 2021 reconocerá los mejores trabajos en las categorías Periodismo Escrito, Periodismo Audiovisual y Cobertura Diaria. Cada ganador recibirá una beca de estudios de hasta US$5.000. El Premio Roche también entregará menciones de honor para las coberturas con enfoques en acceso a la salud, cobertura periodística de COVID-19 y periodismo de soluciones.

Tienes hasta el 9 de junio de 2021 para postular tu trabajo. Consulta las bases del Premio aquí. ¡Tu trabajo merece ser reconocido!

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