Reportaje, caos y negación

Imagen para ilustrar columna de Vinicius Sassine del 17 de junio 2021.

Por: Vinicius Sassine

El periodismo es una actividad profesional puesta a prueba en su rutina diaria. Reporteros en terreno que buscan informar de manera rigurosa son desafiados a cada momento por los lectores, por las fuentes, por la complejidad de los hechos.

La pandemia del nuevo coronavirus, el hecho más importante de las últimas décadas (¿del último siglo?), ha radicalizado esa dinámica.

Absolutamente todo se puso más difícil: desde la movilidad de los reporteros –que ya no pueden estar en todos lugares donde desearían–, la interminable sucesión de hechos, hasta la responsabilidad que se multiplica con cada línea que se escribe.

En Brasil eso puede tener otro significado, difícil de traducir a quienes no practican el periodismo aquí. No existe una pandemia única, estática en el país. Lo que hay es una pandemia que se está tornando más agresiva, dramática e inhumana en la medida en que pasan los interminables meses.

A la crisis sanitaria se suma una crisis política sistemática. Ambas crisis se retroalimentan umbilicalmente.

El Presidente de Brasil es un negacionista. Jair Bolsonaro hizo campaña en contra de los tapabocas, en contra del distanciamiento social, de la vacuna, de la ciencia. Ha usado su puesto, sus ministerios, dinero público y a las Fuerzas Armadas para esparcir cloroquina a todos los rincones del país, una droga sin eficacia para la COVID-19.

En este contexto trabajan los periodistas que se dedican a la cobertura de la pandemia. Es este el telón de fondo de quienes se dedican todos los días a producir reportajes.

El reportaje, una construcción robusta de elementos que desnuda una realidad, muchas  veces oculta, es la piedra angular del periodismo. Es noble, necesario y perenne, teniendo en cuenta la naturaleza de inmediatez transversal en la actividad periodística. La pandemia y Bolsonaro lo comprueban.

Actualmente, Brasil es un país con más de 2 mil muertes al día por una enfermedad evitable. Con pacientes atados a las camas de UCI como mecanismo de contención, en la inminencia de nuevos colapsos en el suministro de oxígeno y de medicinas de sedación.

Enfermos han muerto asfixiados en los hospitales. O han cruzado un país de dimensión continental, en aviones oficiales, buscando camas hospitalarias en algún lado.

El periodismo debe confrontar la sensación de anestesia y cansancio provocada por esa realidad. Investigar y contar una historia ha adquirido otra dimensión. Es un rescate de la humanización, que se perdió en medio del negacionismo, de la omisión y de la tragedia.

El reportaje es un instrumento decisivo para ello, porque necesita de una verificación cuidadosa. Permite que las historias estén bien contadas y lleva la investigación en su ADN.

A eso me he dedicado en 15 meses de pandemia. He notado que no hay nada más importante en el Brasil actual que la crisis sanitaria y política que mata a hombres y mujeres de manera rápida e inhumana. El periodismo necesita incorporar tal percepción.

Tiempo, espacio, energía y recursos deben ser empleados en la cobertura, en reportajes que rompan la caótica agenda de un presidente negacionista, que influyan en las políticas públicas y en las tomas de decisiones.

Docenas de reportajes escritos tuvieron efectos en investigaciones de la Defensoría del Pueblo, en procesos en la Justicia, en acciones en el Congreso, en pedidos de alejamiento del Presidente.

Los reportajes ayudaron a consolidar el entendimiento de que hay cero esperanzas en medicinas como la cloroquina y que incentivar su uso como tratamiento es ilegal y criminal. También han reconstruido un conjunto de omisiones que ha llevado a muertes por asfixia y siguen mostrando los resultados del descuido oficial con la vacuna.

El oxígeno se acabó en la Amazonía brasileña, aunque el gobierno de Jair Bolsonaro fue alertado repetidas veces sobre lo que pasaba en esa región. Nada, hasta el momento, ha sido más simbólico –y triste y melancólico– que ese episodio.

La sensación de caos acompaña a la rutina periodística actual. Es inevitable. Pero es necesario respirar, creer en la fuerza del reportaje e insistir en investigaciones cuidadosas y de largo aliento día tras día.

No hay otra manera de romper la caótica agenda impuesta por el negacionismo y sortear la terrible sensación en Brasil de que la pandemia no va a terminar.

Sobre el Premio Roche

El Premio Roche es una iniciativa de Roche América Latina, con la Secretaría Técnica de la Fundación Gabo, que busca reconocer la excelencia y la cobertura periodística de calidad sobre la salud en la región.

Para más información o consultar inquietudes sobre la novena edición del Premio Roche, comunícate al correo electrónico: premioroche@fundaciongabo.org

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