Cómo convivir con el ‘lado oscuro’ del periodismo

Imagen para ilustrar columna de Pablo Linde del 12 de agosto 2021.

Por: Pablo Linde 

Cada día recibo decenas de correos electrónicos con comunicados de prensa, propuestas de entrevistas, resultados de estudios. Literalmente, decenas. De noticias o supuestas noticias de laboratorios, universidades, farmacéuticas, instituciones públicas, organizaciones no gubernamentales, empresas relacionadas con el mundo de la salud y la sanidad o sus consultoras de comunicación, que quieren “venderme” —a mí y a otros muchos periodistas— su producto, sus hallazgos, charlas con sus profesionales para que me cuenten qué están desarrollando, produciendo o comercializando…

Tendría que dedicar media jornada laboral a responder todos estos correos. En general, ni siquiera dispongo del tiempo para leerlos, más allá de un vistazo muy superficial para comprobar si en alguno puede haber algo que me interese o el embrión de un artículo. Estos suponen un porcentaje tremendamente reducido para un medio generalista como es El País, el periódico donde trabajo. Es tan poco frecuente encontrar algo susceptible de ser publicado, que no es raro que entre tanto ruido se me traspapelen contenidos con potencial.

En el gremio solemos llamar “pasarse al lado oscuro” a dejar un medio —ya sea una tele, radio, periódico…— para trabajar en un gabinete u oficina de comunicación. Pero no es del todo justo. No tiene por qué esconder nada de oscuro comunicar lo que hace una empresa o institución. Pero, como en casi todo tópico, hay algo de verdad. 

En un mundo ideal, los periodistas deberíamos contar a nuestros lectores la verdad de unos hechos o lo que hemos conseguido averiguar después de filtrar la información que nos llega por las depuradoras de la profesión: el contraste, el rigor, y dejar de lado los sesgos para dar una información lo más neutral posible, aunque nadie está exento de sesgos y subjetividades.

El trabajo del ‘lado oscuro’ es distinto. Legítimamente, ellos tienen que sacar a relucir lo mejor de las marcas o empresas en las que trabajan, promocionar lo que hacen y tratar de que los medios las saquen guapas en sus noticias. A los periodistas de medios nos debería dar igual si salen mejor o peor, simplemente tendríamos que buscar la realidad de los hechos y contar a nuestros lectores los que consideremos relevantes e interesantes.

En esta labor, los periodistas de uno y otro lado trabajamos en una especie de simbiosis en la que, cada uno en su lugar, trata de sacar lo más beneficioso para su empresa. No es, o no tiene por qué ser —de todo hay— una relación conflictiva, sino más bien de cooperación.

Simplificando mucho, unos tratan de vender su mensaje y los otros están atentos —en la medida que pueden— a ese mensaje para captar el que les resulta interesante y digno de publicar. Y la comunicación no es para nada unilateral: igual que los gabinetes nos bombardean con sus noticias, nosotros recurrimos a ellos con frecuencia para buscar información.

Pero, ¿cómo saber cuándo es valiosa y certera? Aquí entran en juego los mimbres de este oficio. En primer lugar: jerarquizar, esa subjetiva tarea de preguntarse si un determinado tema es relevante para nuestros lectores, espectadores u oyentes. Luego, someterlo a escrutinio, contraste y un punto de escepticismo. De lo contrario, es posible que acabemos publicando auténticos publirreportajes de las empresas o instituciones, que en el sector de la salud tienen un enorme músculo de comunicación.

Hace meses, antes de la pandemia, en uno de estos cientos de correos que recibo vi algo que me llamó la atención. Un hospital de Madrid estaba trabajando con el “dispositivo médico más pequeño del mundo”. Cuando alguien te habla de “lo más”, de un nuevo récord, lo primero que hay que preguntar es a qué supera. Si, por ejemplo, un hospital hablara de un récord de cirugías en un día, habría de saber cuál era el que había hecho más hasta ahora. De lo contrario, es imposible (o deshonesto) realizar tal afirmación. Esta pregunta, sin embargo, suele descolocar a quienes tienen que responderla. 

—Se ha inaugurado el laboratorio más grande de España.

—¿Cuál era el más grande hasta ahora?

—Ah, pues no lo sabemos.

Entonces no puedo confiar en que es el tuyo, sospecho que lo estás inventando.

Cuando pregunté cuál era el dispositivo médico más pequeño hasta ahora, el que ostentaba tal mérito, tras una búsqueda reconocieron que “parecía ser” que ese que usaba el hospital no era realmente el más diminuto, sino que había otro que lo superaba. En cualquier caso, aunque no era del todo cierto lo que me contaron en primera instancia, me interesaba la técnica que usaban. Me acerqué al hospital, hablé con los médicos y pacientes y publiqué un reportaje al respecto. 

Esa es la simbiosis de la que hablaba. Ellos sacaron un provecho: un periódico nacional hablaba de su técnica. Y yo conté algo que consideraba interesante. Eso sí, sin dejarme llevar por la propaganda y poniendo las cosas en su justa medida.

Sobre el Premio Roche

El Premio Roche es una iniciativa de Roche América Latina, con la Secretaría Técnica de la Fundación Gabo, que busca reconocer la excelencia y la cobertura periodística de calidad sobre la salud en la región.

Para más información o consultar inquietudes sobre la novena edición del Premio Roche, comunícate al correo electrónico: premioroche@fundaciongabo.org

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