Celebremos las mentiras sobre COVID-19 que los ‘fact-checkers’ sí lograron enterrar

Imagen para ilustrar columna de Cristina Tardáguila del 29 de julio 2021.

Por: Cristina Tardáguila

En la lucha contra la desinformación ocasionada por la pandemia, los días pueden parecerse mucho. Uno prende el computador y se encuentra con una serie de frases, fotos y videos falsos. Pero, si miramos los datos relacionados con la cobertura periodística hecha en los últimos meses, nos damos cuenta de que, en realidad, ha habido cambios. Y que sí hemos logrado muchas victorias contra las mentiras sobre el COVID-19.

En julio del año pasado, 48 organizaciones que se dedican a la verificación de datos en 45 países compartieron con la alianza #CoronaVirusFacts un total de 653 chequeos. Es decir, a lo largo de un mes, identificaron un promedio de más de 21 mentiras por día ¡Casi una por hora!

En julio de 2021 hubo mucho menos. Según la propia base de datos de la alianza, los verificadores detectaron 128 mentiras sobre COVID-19 y sus vacunas. Tenemos, por lo tanto, una razón para celebrar.

El análisis del contenido chequeado hace un año nos aporta otra buena noticia. Muchas de las falsedades que se repartían entonces han desaparecido casi que por completo y/o ya no se viralizan en las redes sociales.

En julio de 2020, América Latina convivía diariamente con publicaciones que intentaban promover falsas curas y falsos métodos de prevención para el COVID-19. En México, por ejemplo, se decía que las hojas de guayaba eran capaces de curar a los enfermos: información falsa. En Colombia era la mezcla de limón con jengibre. Mentira. En Argentina, la “cura” estaba en el café, mientras que en Brasil la gente recomendaba melón, naranja, té de hierbas y más.

Como sabemos hoy, ninguno de estos productos naturales funcionó, ni funcionará, contra el nuevo coronavirus. La única forma eficaz de evitar el COVID-19 es con la vacuna, cumpliendo la distancia social y usando mascarillas.

Pero es importante mirar hacia atrás y ver que la actuación de la comunidad de fact-checkers ha sido importante, y quizá definitiva, para reducir la circulación de esas falsedades.

Tampoco se encuentra en internet o en cadenas de WhatsApp ataques a los oxímetros y a los termómetros infrarrojos. Hace exactamente un año, varios equipos de verificación del mundo publicaban artículos para desmentir locuras desinformativas involucrando estos dos aparatos.

En México, Bolivia y Colombia, por ejemplo, se creía -y se compartía con velocidad por las redes- que los oxímetros servían, en realidad, para robar las huellas digitales de los ciudadanos y, por lo tanto, facilitar el acceso de grupos criminales a los datos personales.

Para desmentir este bulo hizo falta que el equipo de Animal Político dibujara un dedo dentro de un oxímetro y explicara visualmente cómo funciona el aparato, siendo incapaz de registrar y/o de compartir una imagen.

En Costa Rica decían que los termómetros infrarrojos no debían tocar la frente porque destruirían las neuronas, cegarían a la persona y/o afectarían la estabilidad de sus chacras. ¡Pues sí! Hubo quienes estuvieron más preocupados por la meditación que por la temperatura corporal en plena pandemia. Para subrayar el alto grado de inconsistencia en estos bulos, varios verificadores recordaron que estos aparatos son comúnmente utilizados por pediatras en niños, de forma indolora.

Pero aunque la comunidad de fact-checkers tiene varios motivos para celebrar victorias, todavía debe seguir unida, luchando contra teorías de la conspiración y falsas curas. Son varias las falsedades sobre COVID-19 que llevan más de un año circulando.

Las mentiras sobre la cloroquina y la hidroxicloroquina, medicamentos incapaces de prevenir o curar el COVID-19, son buenos ejemplos. Si en julio de 2020 el tema fue chequeado 29 veces por los fact-checkers brasileños, hace un mes estos tuvieron que apoyar a diversos políticos e, incluso, a algunos médicos para defender la ineficacia de estos medicamentos en sesiones de una comisión parlamentaria de consulta promovida por el Senado de ese país.

También siguen activas las críticas a los tapabocas. Hace exactamente un año, países como España, Francia y Grecia sufrían con publicaciones que insinuaban que las mascarillas bajaban el nivel de oxígeno del cuerpo. Hoy circulan por las redes videos que falsamente enseñan minúsculas larvas saliendo de ellas. También hay quienes insisten en decir que estos implementos pueden provocar cáncer.

Así que está claro que la lucha continúa. Pero tras un año y medio de pandemia y más de 13 mil chequeos publicados, es importante reconocer la actuación de los verificadores y celebrar con ellos algunas de sus victorias. Los fact-checkers son indispensables.

Sobre el Premio Roche

El Premio Roche es una iniciativa de Roche América Latina, con la Secretaría Técnica de la Fundación Gabo, que busca reconocer la excelencia y la cobertura periodística de calidad sobre la salud en la región.

Para más información o consultar inquietudes sobre la novena edición del Premio Roche, comunícate al correo electrónico: premioroche@fundaciongabo.org

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