#ConDatos. Dióxido de cloro y cloroquina: las 'mentiras zombis' de la pandemia en América Latina

Imagen para la segunda nota sobre desinformación de Cristina Tardáguila.

Contar dónde nacieron y cómo circularon estas falsedades ayuda a desmontarlas.

Por: Cristina Tardáguila

‘Mentiras zombis’. Así se refieren los verificadores de datos a aquellas falsedades que insisten en no morir y que, a la vez, traen riesgo a la sociedad. Durante la pandemia de COVID-19, la idea de que el dióxido de cloro y la cloroquina podrían ser, de alguna manera, eficaces para evitar o para eliminar el nuevo coronavirus entró en esta categoría, poniendo en riesgo a América Latina.

Desde enero del año pasado, la comunidad internacional de verificadores de datos ha desmentido por lo menos 49 veces artículos, publicaciones en redes sociales y mensajes que afirmaban que el dióxido de cloro era un método seguro y eficiente contra COVID-19. En el caso de la cloroquina, han sido nada menos que 220 chequeos los realizados.

El tema, sin embargo, sigue vivo.

Esta semana, los equipos de fact-checking de Maldita.es (en España) y de Lupa (en Brasil) volvieron a publicar verificaciones subrayando lo que ya se sabe: estas dos sustancias no sirven en la guerra contra el nuevo coronavirus y su uso puede, incluso, aportar riesgos a la vida.

Entonces ¿qué más podemos hacer para frenar estas mentiras? Podemos saber cómo surgieron, cómo se mantienen en las redes y, al escribir sobre estas, demostrar que han sido desmontadas en muchas otras partes del mundo.

Hablar de sus orígenes y de cómo circulan ayuda a demostrar que esas falsedades no pasan de ‘mentiras zombis’.

El caso dióxido de cloro

Una búsqueda en la base de datos de la alianza #CoronaVirusFacts, mantenida por la Red Internacional de Verificadores (IFCN, en inglés) desde enero de 2020, revela que el primer chequeo sobre dióxido de cloro fue publicado por los alemanes de Correctiv. En aquel momento, personalidades e influenciadores de Alemanía “hacían un llamado a la comunidad médica” y decían en sus propias páginas web que el dióxido de cloro era capaz de “desactivar” el nuevo coronavirus. También hubo videos en Youtube.

Según Buzzsumo y CrowdTangle, dos herramientas capaces de medir la viralización de contenidos online, un único enlace escrito en alemán sobre este tema fue compartido por lo menos 680 veces en Facebook y replicado por otras cuatro páginas, alcanzando más de 3.000 interacciones en Facebook, Twitter e incluso Pinterest. Esto quiere decir que se hizo viral en varias plataformas, llegando a audiencias diferentes.

En la misma semana, la mentira sobre el dióxido de cloro ya había pasado al inglés. Si hay una cosa clara entre los verificadores, es que la mentira se traduce con mucha facilidad.

El 11 de febrero, los americanos de FactCheck.org encontraron no solo páginas web y cuentas de Twitter vendiendo kits anti COVID-19 con dióxido de cloro, sino también frases peligrosas como: “Dicen que no hay cura para el coronavirus. Bueno, está claro que el dióxido de cloro puede matarlo” o “Buenas noticias: el dióxido de cloro mata el coronavirus”.

Desde ese momento, la falsedad ganó en el planeta. Entre marzo y abril de 2020, hubo chequeos publicados en chino, en español y en portugués. En Taiwán, los verificadores tuvieron que desmentir un supuesto comunicado, enviado por la compañía de agua, que falsamente decía que la entidad había inyectado la sustancia, utilizada para la limpieza de superficies, en el agua repartida a los ciudadanos. Información falsa y peligrosa.

América Latina está inmersa en la desinformación sobre dióxido de cloro desde marzo de 2020. De los 49 chequeos que constan en la base de datos de la International Fact-Checking Network – IFCN, 35 se hicieron en español en países de la región. Argentina, Bolivia, Colombia, México, Perú y Venezuela siguen involucrados en esta mentira, con “ayuda” de influenciadores que poco (o nada) saben de ciencia.

Que quede claro una vez más: no existe “suplemento mineral milagroso” que contenga dióxido de cloro y sea eficiente contra el nuevo coronavirus. Como bien dice el Ministerio de Salud de Colombia, nombrado en varias verificaciones, ingerir dióxido de cloro “puede causarte complicaciones de salud, e incluso la muerte”.

El caso cloroquina

Según la base de datos de IFCN, los nigerianos de Dubawa han sido los primeros en detectar la desinformación sobre este medicamento antimalárico durante la pandemia. Desde el 21 de febrero del año pasado se lucha contra esta “mentira zombi” que parece crecer sin parar.

En aquel mes, por lo menos dos medios de comunicación conectados al gobierno chino – Global Times y China Science – dijeron que la cloroquina tenía “efecto comprobado en el tratamiento de COVID-19”. Más de 700 cuentas retuitearon la “información” de Global Times, mientras que más de 400 esparcieron el contenido de China Science.

El hecho de que se tratara de dos medios conectados al gobierno de China y, por lo tanto, interesados en anunciar una cura milagrosa para el virus que había dejado miles de muertos en Wuhan, no fue suficiente para parar la ola desinformativa. La “cura milagrosa” se aprovechó del miedo y cruzó el planeta.

Solo en marzo de 2020, fact-checkers de 11 países tuvieron que lidiar con la falsedad sobre la cloroquina. Después de Nigeria, la desinformación sobre este medicamento fue captada – en este orden – en India, Tailandia, Canadá, Francia, EE. UU., Filipinas, Marruecos, Dinamarca, Reino Unido y Sri Lanka. Así lo demuestra la base de datos de IFCN.

El tema entró en América Latina por Brasil.

El 20 de marzo, los fact-checkers de Estadão Verifica publicaron el primer chequeo del continente sobre la cloroquina. En su momento, dijeron que aún no había sido (y hasta ahora no ha sido) comprobada la eficacia del uso de este medicamento en el tratamiento de pacientes con COVID-19. Explicaron que los resultados de las pruebas todavía no eran concluyentes y alertaron sobre los riesgos para la salud inmersos en las publicaciones descontextualizadas que circulaban en redes sociales a propósito de este tema.

Desde entonces, los brasileños (y América Latina) vieron al presidente Jair Bolsonaro grabar videos defendiendo el medicamento e, incluso, salir en fotos enseñando la droga como si fuera un trofeo. Políticos a su alrededor le siguieron en la defensa del medicamento.

Resultado: en el último año, por lo menos otras 106 verificaciones sobre cloroquina (e hidroxicloroquina) han sido publicadas en portugués, lo que hace de Brasil el epicentro de esta mentira zombi nacida en China.

Contar historias como estas y demostrar que verificadores de diversas partes del planeta llegaron a conclusiones semejantes, fortalece cualquier artículo o debate sobre estos asuntos.

En la lucha contra la desinformación pandémica, recordar que estamos conectados, incluso para cosas malas y engañosas, puede ser el ingrediente que faltaba para conquistar la atención de la audiencia y la credibilidad periodística. Es una estrategia más que debemos probar.

Para tener en cuenta

Recuerda las siguientes claves, pueden ser de gran ayuda al momento de elaborar tu nota periodística para no caer en los riesgos de la desinformación:

– Las bases de datos de los fact-checkers son públicas. La de IFCN la encuentras aquí.

– En esta base de datos, puedes hacer búsquedas por palabras, países, idiomas. Seguro que encuentras historias importantes.

– El contexto es fundamental. Así que, recuerda que el Google Translate puede ayudarte a entender qué hicieron los verificadores en otros idiomas.

Sobre el Premio Roche

El Premio Roche de Periodismo en Salud es una iniciativa de Roche América Latina con la Secretaría Técnica de la Fundación Gabo que reconoce la excelencia y fomenta el trabajo periodístico de calidad en la cobertura de temas de salud en América Latina.

La edición 2021 reconocerá los mejores trabajos en las categorías Periodismo Escrito, Periodismo Audiovisual y Cobertura Diaria. Cada ganador recibirá una beca de estudios de hasta US$5.000. El Premio Roche también entregará menciones de honor para las coberturas con enfoques en acceso a la salud, cobertura periodística de COVID-19 y periodismo de soluciones.

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