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Columnistas

No hay carnadas para atraer peces

octubre 18, 2022
No hay carnadas para atraer peces

Por: Erick Lezama

Suelo decir que sobreviví al cáncer para contar la vida con sus luces y sombras. La enfermedad —un linfoma no hodgkin en estadío IV con afectación en la médula ósea— y mi recuperación, tras largas sesiones de quimioterapia, naturalmente marcaron un antes y un después para mí.

Esa experiencia, y la sucesiva muerte de mi madre, también por cáncer, me hicieron reflexionar sobre la fragilidad humana y sobre la fortaleza que emerge cuando atravesamos situaciones extremas. A partir de esa etapa bisagra, comencé a tener una visión más clara sobre el periodista que quería ser. Volví al ruedo deseoso de narrar —abordar, comprender, entender, acompañar— otras vidas puestas a prueba, de hacer memoria, de valorar lo testimonial como una fuente inagotable para entender el curso de nuestros días y como un puente para encontrarnos con otros y con nosotros mismos.

Vivo en Venezuela, un país sumido en una emergencia humanitaria compleja y con un sistema público de salud que se ha ido desmoronando en la última década. Deterioro de infraestructuras, falta de insumos médicos, escasez de medicamentos, migración de especialistas, reaparición de enfermedades erradicadas…Todo eso es parte de un caldo de cultivo que hace que quien ve su salud quebrantada tenga que sortear enormes obstáculos.

Una de mis líneas de trabajo ha sido contar historias que muestren ese descalabro. En el camino, me he encontrado con unos cuantos personajes con una consciencia plena de que transitan, irremediablemente, hacia la muerte. En mi libreta encuentro frases pasmosas, estremecedoras y conmovedoras, como estas:

“Yo sé que me voy a morir; ya el médico me lo dio a entender”, me dijo una mujer con cáncer de mama y metástasis ósea, abatida por terribles dolores que no encontraba cómo aliviar porque en el país no había opioides.

“Creo que tengo que hacer las paces con la muerte para estar en paz”, me dijo, en el pasillo de un hospital, una joven con cáncer de páncreas a la que no le estaban haciendo quimioterapias porque allí no tenían los medicamentos que requería.

“Creo que no me queda mucho”, me dijo un señor con cáncer de próstata en la sala de espera de una clínica. Lo recuerdo, desesperado, diciéndome que no tenía cómo costear sus radioterapias, que necesitaba ayuda, un milagro, algo.

“A fin de cuentas, es cierto el lugar común que dice que la muerte es parte de la vida”, me dijo otra señora con un cáncer de útero bastante avanzado.

“Yo quiero vivir, pero bueno, quizá viviré en el recuerdo de mi gente”, me dijo una chica de la que me hice amigo mientras recibíamos quimioterapia.

¿Qué trato darles a esas voces? ¿Qué hacer con ellas? ¿Cuál es el valor periodístico que tienen?

Para muchos periodistas, los hechos puros, presuntamente objetivos, lo son todo: sin ellos, no hay nada que contar. Y esa es una visión que respeto, porque entiendo que para fiscalizar el poder es ineludible una documentación rigurosa de hechos y pruebas. Pero a mi modo de ver estaremos ante un registro incompleto si no se toma en cuenta a la gente: las cosas les pasan a personas de carne y hueso, y todo cuanto sucede tiene implicaciones en ellas. Un periodista fracasa cuando se olvida de la gente. Y esas voces, que resuenan en mi cabeza, son un ejemplo.

Procurando llevar coberturas de la mejor manera, he reflexionado sobre un decálogo bajo las premisas de dar un trato digno a quien está sufriendo; de no revictimizar; de alejarnos del amarillismo patético que supone hacer un regodeo sensiblero para ganar clics, como si la vida deteriorada de alguien fuera una carnada para atraer peces a nuestro bote: no existe tal cosa.

1. Respetar la privacidad: La del paciente y la de la familia. Quizá sintamos el deseo de estar al pie de la cama, de ir cada día al hospital a la hora de la visita y quedarnos un poco más: ser testigos, permanecer, siempre es lo deseable cuando queremos hacer historias de largo aliento. Si nos lo permiten, está bien: seremos privilegiados. Pero si no —que es lo que suele ocurrir— no insistamos; ya encontraremos alguna forma de conocer los detalles que necesitamos. Más adelante podremos hablar con un amigo, con un familiar, con un médico, o incluso, si tenemos suerte, con el paciente.

2. Paciencia, paciencia: Estas son historias de cocción lenta. No podemos marcar el tempo en función de nuestros intereses: sepamos esperar. Es probable que el enfermo y sus familiares estén muy ocupados, emocionalmente revueltos y que, en medio de su conmoción, no tengan conciencia de la importancia de dar a conocer lo que están atravesando. O quizá no lo vean como algo urgente.

3. Si nos han permitido el acceso, honremos el tiempo que nos están regalando: lleguemos puntuales, escuchemos, con genuino interés, todo lo que tengan que decirnos (y no solo lo que queremos escuchar, ni solo lo que necesitamos para elaborar nuestra nota). Sepamos cuándo preguntar, sepamos irnos cuando más bien estamos incomodando.

4. Demos un tratamiento adecuado: en el relato, evitemos expresiones o imágenes que puedan resultar vejatorias o lesivas para la condición humana. No hagamos un festín con el sufrimiento. No dañemos. No agreguemos más dolor.

5. Procuremos que los testimonios sean transversales: no los usemos solo como meros ejemplos de un problema estructural. Profundicemos en sus vidas, arrojemos luz: ¿Quiénes son esas personas que nos han abierto las puertas de su intimidad en un momento tan trascendental?

6. No ofrezcamos lo que no podemos cumplir: No depende de nosotros que alguien sea atendido en un hospital o que le suministren el medicamento que necesita. Si nuestra nota logra tal alcance, magnífico; pero es algo que no podemos garantizar. Expliquemos, con total claridad, cuál es el sentido del trabajo que vamos a realizar.

7. El contexto es importante: Darles protagonismo a nuestros personajes no significa dejar por fuera el contexto —las estadísticas, los datos duros, las explicaciones necesarias— que permitirá que el lector entienda las razones sistémicas de que la realidad de ese paciente sea esa.

8. No generalicemos: Cada paciente es único. No todos los que padecen una patología tendrán el mismo desenlace. Tratemos de entender la enfermedad y la condición clínica del paciente sin jugar a ser médicos y, de nuevo, sin generalizar. Generalizar contribuye a la desinformación y alimenta los mitos. Seamos responsables.

9. Mantengamos en reserva la identidad y otros datos en caso de que develarlos lesionen la dignidad del personaje. Desde luego, es algo que debemos hacerle saber oportunamente al lector.

10. No desaparezcamos del todo: Los periodistas solemos irnos al terminar nuestra reportería y no volver más. No sugiero necesariamente entablar una amistad con la fuente, pero sí dejar la puerta abierta para quien quiso contarnos su dolor. Es una forma de hacer seguimiento, de conocer el desenlace, de entender la historia completa.

En definitiva, el trato digno a los personajes supone poner de relieve su entereza. Cuando les llevamos esa historia a los lectores, no presentamos a una víctima, sino a una persona que aun cuando esté sumida en su desolación, tiene reservas de fortaleza, un impulso de salir adelante, una determinación de no dejarse anular. Así sea espiritualmente. Es esa entereza lo que le permite alzar su voz.

Pienso que la dignidad de cada personaje se preserva cuando, en lugar de su situación de víctima, abordamos su historia en profundidad y nos interesamos por saber quién es ahora, quién era antes, cómo está procesando su situación. Vista así, bajo el reflector de la condición humana, esa persona ya no se reduce a su condición de víctima, sino que se hace fuerte frente al lector y gana la batalla del reconocimiento. Eso, teniendo delante un panorama poco esperanzador, no es poca cosa: respetarla es una forma de salvarla. Aunque sea un poco.

Sobre el Premio Roche

El Premio Roche de Periodismo en Salud es una iniciativa de Roche América Latina, con la Secretaría Técnica de la Fundación Gabo, que busca reconocer la excelencia y estimular la cobertura periodística de calidad sobre temas de salud y ciencia en América Latina, integrando miradas desde lo sanitario, económico, político, social, entre otras áreas de investigación en el periodismo.

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