¿Cómo evitar el principio de autoridad en las coberturas de salud?

Imagen para ilustrar columna de Aleida Rueda del 23 de septiembre 2021.

Por: Aleida Rueda

La epidemia por COVID-19 nos ha orillado a muchos periodistas a hablar de asuntos científicos, médicos, clínicos, que comprendemos poco. Y no por ignorancia ni falta de profesionalización. Nadie es experto en COVID-19 porque simplemente no existía hasta hace 2 años.

Pero una cosa es saber poco de algo prácticamente desconocido, y otra es usarlo como justificación para algo que impacta directamente en la calidad del periodismo. Muchos periodistas y medios de comunicación han tomado una decisión a la hora de presentar historias periodísticas de ciencia o salud: “Como yo no sé, basaré mi cobertura en lo que dicen las personas que sí saben: los llamados ‘expertos'”.

Esa decisión no es inocua, pues deja sin respuesta otras cuestiones importantes: ¿con base en qué criterios elegimos a los “expertos”? ¿Qué peso tienen en mi historia? ¿Hasta qué punto eso me convierte en su vocera? ¿Qué pasa si el “experto” dice algo incorrecto o irresponsable? ¿Qué pasa si tiene conflictos de interés? Y lo más importante: ¿en dónde queda mi investigación periodística independiente y crítica que sí haría en temas en los que me siento más segura?

En la ciencia y la salud, someternos al principio de autoridad —aceptar algo como incuestionablemente cierto porque quien lo dice es una autoridad en la materia—  es tan grave como si un periodista le diera su nota al político para que la revise antes de publicarla o como si el periodista de deportes defendiera a un jugador que cometió una falta simplemente porque es hincha de ese equipo. El someternos al principio de autoridad es quitarnos nuestro valor y nuestra responsabilidad como periodistas. 

El meollo está en ¿cómo evitarlo? 

1. Elige a fuentes pertinentes, no “expertas”

Una de las causas que hacen que un periodista quede sometido al principio de autoridad es que conoce poco o nada de su fuente; la asume como “persona experta” y eso basta para preguntarle de cualquier cosa. Durante la pandemia, hemos visto en los medios de comunicación a decenas de personas científicas (virólogos, biólogos, epidemiólogos, internistas) respondiendo prácticamente las mismas preguntas. Eso habla de un deficiente trabajo por parte de los periodistas por identificar a la persona idónea para su historia.

Para asegurarte que tu fuente es la ideal, investiga quién es, qué línea de investigación trabaja, qué publicaciones tiene, cuáles son sus adscripciones y elígela con base en la pertinencia que tenga para tu investigación periodística y no únicamente por sus credenciales académicas o su fama.

2. Si no hay tiempo, busca ayuda

Ante la falta de tiempo para explorar con la suficiente profundidad la pertinencia de una fuente, recurre a asesores. Puedes consultar a personas que tengan una comprensión general de algún tema, además de una amplia red de contactos. No las usarás como fuentes sino como brújulas. Serán personas a quienes podrás consultar, por ejemplo, ¿quiénes tienen los argumentos más sólidos dentro de un debate científico?¿quiénes tienen la mayor experiencia en una línea de investigación? ¿o quiénes, sin tener una gran trayectoria, están innovando en su campo?; ¿quiénes están desarrollando una nueva metodología? ¿o quiénes están siendo atacados por sus investigaciones?

En todo caso, la consulta no debe ser a ciegas sino guiada por preguntas precisas que surjan de tu investigación periodística. Esos interrogantes serán la ruta para llegar a la persona que pueda responderlas de mejor manera.

3. Identifica las reglas básicas de lo que cubres

A menudo, periodistas que se enfrentan a temas complejos, en áreas que van desde la epidemiología hasta la biología molecular, terminan resignándose frente a la autoridad epistémica porque asumen que nunca podrán “estar al nivel” de sus fuentes y se limitan a ponerles el micrófono y dejarles hablar.

La realidad es que no es necesario tener un doctorado en física para contar una historia relevante sobre las ondas gravitacionales, ni ser experto en epidemiología para cuestionar a un especialista sobre la evolución de la pandemia, de la misma forma que no hay que ser escritor para hacer una crítica literaria, ni ser jugador de fútbol para relatar un partido.

Lo que se necesita saber son las reglas básicas de la actividad que describes, y hacer preguntas pertinentes y de interés público. En varias áreas del conocimiento esas reglas básicas se basan en el método científico y en la evidencia replicable que surja de este, por lo cual, aun sin saber detalles de cada especialidad médica o investigación científica, un periodista puede hacer preguntas pertinentes y críticas porque identifica los elementos esenciales de su práctica: desde el tipo de estudio que se hizo y el tamaño de la muestra, hasta la pertinencia social de la investigación y la forma en la que fue financiada.

Entender los procesos mediante los cuales se genera el conocimiento y usarlos para cuestionar el trabajo de una fuente es crucial para no asumir un rol pasivo y acrítico ante la voz de un “experto”.

4. Valórate: el trabajo periodístico es igual de profesional que el científico

Evitar el principio de autoridad en el periodismo será más fácil si lo evitamos también en nuestro comportamiento. Cuando nos volvemos amigos cercanos de nuestras fuentes, cuando le manifestamos nuestra devoción a una investigadora, cuando aceptamos cubrir acríticamente un tema solo porque lo pidió un médico de renombre, cuando hablamos de los logros de un investigador emérito pero no de las denuncias de acoso que hay en su contra o cuando elegimos a una fuente por su línea política y no por su pertinencia académica, estamos concediéndoles privilegios y anteponiendo el trabajo científico -y quienes se dedican a él- al periodístico.

Nuestro trabajo como periodistas, más que hacer que la gente valore acríticamente a la ciencia, es informarle sobre lo que es y cómo funciona, lo que hace su comunidad, lo bueno, lo malo, y todos los matices que hay en medio. Pero para lograrlo debemos colocar el trabajo periodístico en el mismo nivel de importancia que el científico o el sanitario. Es cierto que no sabrás tanto de virología como sabe un virólogo, pero está claro que él no sabe tanto de periodismo como sabes tú. Y desde ese entendimiento y esa horizontalidad es como se puede hacer un periodismo de ciencia y salud más justo, crítico y más sometido a lo que sí debe someterse siempre: el interés público. 

* Periodista de ciencia mexicana y presidenta de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia.

Sobre el Premio Roche

El Premio Roche es una iniciativa de Roche América Latina, con la Secretaría Técnica de la Fundación Gabo, que busca reconocer la excelencia y la cobertura periodística de calidad sobre la salud en la región.

Para más información o consultar inquietudes sobre la novena edición del Premio Roche, comunícate al correo electrónico: premioroche@fundaciongabo.org

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