Vacunas: Contra el triunfo de la mentira

Imagen para ilustrar columna de Roxana Tabakman del 20 de mayo 2021.

En busca de una cobertura crítica y ética de la inmunización contra COVID-19.

Por: Roxana Tabakman

Una de las acciones que más vidas salvó en la historia —evita, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 2.5 millones de muertes cada año y protege a muchos más de enfermedades y discapacidad— es una gran mentira que nos hacemos a nosotros mismos. Una vacuna no es otra cosa que engañar a las defensas naturales para hacerles creer que las invadió un germen muy malo. En realidad, lo que asusta a nuestro cuerpo es apenas un fragmento, algo que se le parece, o cuanto mucho una réplica inofensiva del microorganismo que ya no le puede hacer mal a nadie.

Es fantástico lo que la ciencia logra con una mentira. ¿Debemos inspirarnos? ¿Mentir por un objetivo “mayor”?

Ese es un camino que adoptan algunos profesionales del periodismo. Por ejemplo, si la gente no se quiere vacunar porque la fórmula es china, rusa o de algún otro grupo que a su público no le despierta confianza, el medio hace hincapié en que la vacuna es “nacional”. Generalmente es parcialmente cierto —porque se fabrica, finaliza o fracciona dentro de las fronteras— pero es una aproximación a la verdad, una mentira “buena” con el objetivo de apoyar las campañas y así salvar miles de vidas.

La pregunta básica es ¿lo nuestro es salvar vidas o informar?

Salvar vidas tal vez sea lo que nos motiva a los periodistas de salud para seguir con un trabajo exigente y con frecuencia no valorado, como corresponde. Pero aun si esa es nuestra misión íntima, nuestro esfuerzo tiene que ser con la verdad.  Y es posible que, a la larga y como en otros temas, una cobertura crítica y ética, basada en datos reales nos lleve a salvar más vidas.

Algunos ejemplos de mentiras, exageraciones o simplificaciones excesivas y cómo enfrentarlas.

Contra las mentiras de la gente

No repetir mentiras, ni para desacreditarlas, es la primera regla. En un mundo plagado de fake news, parte de nuestro trabajo es informar adecuadamente sobre los rumores que circulan. Para eso se ha propuesto un formato llamado ‘sándwich de verdad’, que es dar la información en este orden: comenzar con la verdad, después mencionar brevemente cómo la verdad contradice la mentira de la que todos hablan y luego repetir la verdad.

La información adecuada puede salvar vidas.

Contra las mentiras de las campañas

El ‘sándwich de verdad’ se puede aprovechar para informar los beneficios conocidos de las vacunas sin caer en la tentación de omitir sus riesgos, también conocidos. Repetir como un loro que las vacunas son seguras, en lugar de explicar en qué consiste un margen aceptable de seguridad, puede no ser el camino para generar confianza ni en las vacunas ni en la prensa. Sin ser —ni parecer— antivacunas, podemos dar información sobre su bajo porcentaje de riesgos, en perspectiva de los grandes beneficios.

No es honesto tampoco ocultar que la historia no está toda escrita. Es bueno explicar cómo la ciencia avanza gradualmente y que las poblaciones incluidas en los ensayos pueden no representar totalmente nuestra población multiétnica, ni todas las condiciones clínicas, pero que los científicos no esperan problemas.

La confianza en las vacunas va a salvar más vidas.

Contra las mentiras de los técnicos

El periodismo no es preguntar si llueve, sino salir a la calle a ver si cae agua del cielo. Con las vacunas en uso, “salir a ver si llueve” no es darle micrófono a dramas mediáticos, relacionados o no a la vacuna. Es acompañar el monitoreo de los efectos adversos de las distintas fórmulas. Y, además de mirar los datos que son públicos, hacer preguntas sobre los datos que no están.

¿Se hace búsqueda de casos con reacciones adversas de forma activa? En muchos países, los sistemas de vigilancia de efectos adversos tienen mucho potencial de mejora. ¿Se utilizan adecuadamente los sistemas que existen para alertar? Increíblemente, la falta de participación de los profesionales de salud en la denuncia de casos es habitual.

¿Será que iluminar estas deficiencias hoy salvará vidas mañana? Es muy posible.

Hay decisiones gubernamentales que son, o deberían ser de naturaleza técnica, como la reducción del número de dosis para aumentar el acceso o las listas de grupos prioritarios. ¿Quiénes deben recibir las pocas vacunas que hay? ¿Docentes o enfermos renales crónicos? ¿Presos o policías? ¿Los que pueden pagarla o los de mayor riesgo?

Los que deciden a veces se enfrentan apenas a la disyuntiva de llenar plazas con esperanzas o responder en secreto a presiones de grupos de interés. La prensa, con todas las limitaciones, ocupa un lugar clave para que los gobiernos asienten todas estas decisiones en evidencias científicas.

El uso de placebo es necesario para los ensayos clínicos serios. Parece cosa de especialista, hasta que uno se pregunta si de acá en adelante los placebos se aplicarán en los países que hoy inyectan una vacuna por segundo, o solo en los otros. Nuestras preguntas son imprescindibles.

Desafiar con nuestros cuestionamientos a los técnicos es mucho más difícil que venerarlos ciegamente. Pero el impacto en vidas salvadas puede ser mayor.

Contra las mentiras de otros periodistas

El ambiente periodístico está contaminado por la influencia de fuentes que esconden información, estimulan la polarización y mienten para tercerizar responsabilidades. Quien se embarque en una cobertura responsable, probablemente van a tener que enfrentar colegas de espíritu menos crítico de distintas banderas. Y más de una vez deberá reprimir un instinto asesino contra aquellos que desinforman con títulos del tipo “Se contagió pese a estar vacunado”.

Nuestro poder no reside en tener todas las respuestas, sino en ser honestos, cuestionar de forma crítica y ética la realidad, y evitar amplificar mentiras, medias verdades o equivalentes.

Ayudarnos los unos a los otros en redes abiertas de capacitación sobre la cobertura de vacunas tal vez pueda salvar vidas.

¿Nuestra misión es salvar vidas? Tal vez sí y el camino es simplemente preguntar y repreguntar. O sea, ser periodista.

Sobre el Premio Roche

El Premio Roche de Periodismo en Salud es una iniciativa de Roche América Latina con la Secretaría Técnica de la Fundación Gabo que reconoce la excelencia y fomenta el trabajo periodístico de calidad en la cobertura de temas de salud en América Latina.

La edición 2021 reconocerá los mejores trabajos en las categorías Periodismo Escrito, Periodismo Audiovisual y Cobertura Diaria. Cada ganador recibirá una beca de estudios de hasta US$5.000. El Premio Roche también entregará menciones de honor para las coberturas con enfoques en acceso a la salud, cobertura periodística de COVID-19 y periodismo de soluciones.

Tienes hasta el 9 de junio de 2021 para postular tu trabajo. Consulta las bases del Premio aquí. ¡Tu trabajo merece ser reconocido!

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